Cómo acompañar a alguien en duelo: lo que ayuda y lo que no

sortida del sol

Cuando alguien cercano atraviesa una pérdida, surge en nosotros el deseo de aliviar su dolor. Queremos estar presentes, pero no siempre sabemos cómo. Las palabras se nos escapan, el silencio nos incomoda y, sin querer, podemos terminar diciendo o haciendo cosas que no ayudan.

Hoy quiero ofrecerte algunas claves prácticas y humanas sobre cómo acompañar a alguien en duelo, qué gestos son realmente valiosos y cuáles conviene evitar.

El duelo no es un problema a resolver, sino un camino que la persona ha de transitar. Por eso, lo que más necesita alguien que está en duelo no son respuestas para aliviar el dolor, sino presencia: sentir que está acompañado, que cuenta con apoyo.

Ayudar a alguien que atraviesa un duelo significa estar disponible, ofrecer escucha, sostener el silencio y respetar el ritmo del otro. No se trata de “sacar” a la persona de su tristeza, sino de recordarle que está acompañada.

  1. Escuchar sin juicios
    A veces no necesitamos decir nada. Basta con escuchar con atención, sin interrumpir ni dar consejos. La escucha es un regalo que transmite: “lo que sientes importa, tu dolor tiene un lugar aquí”.
  2. Respetar los silencios
    El silencio compartido a veces es más sanador que mil palabras. Sentarse al lado, tomar la mano, respirar juntos… pequeños gestos que dicen más que cualquier discurso.
  3. Estar presentes en el tiempo
    El acompañamiento no se limita a los primeros días. El duelo continúa semanas, meses, incluso años. Un mensaje, una llamada o un café marcan la diferencia cuando los demás ya han vuelto a su rutina.
  4. Cuidar los detalles cotidianos
    Ofrecer ayuda práctica es muy valioso: cocinar, hacer compras, acompañar en trámites. En medio del duelo la energía escasea y estos gestos alivian la carga.
  5. Nombrar a la persona ausente
    Muchos dolientes agradecen que se hable del ser querido perdido, que se compartan recuerdos o anécdotas. Nombrar lo perdido no aumenta el dolor: lo valida, lo honra y lo mantiene vivo en la memoria.
  6. Ofrecer contacto físico respetuoso
    Un abrazo sincero, una mano en el hombro, un roce cálido… El cuerpo también necesita sentirse acompañado. Eso sí, siempre con sensibilidad, respetando si la persona no lo desea.

Aunque las intenciones sean buenas, hay frases y actitudes que, en lugar de aliviar, generan más soledad. Algunas de las más comunes:

  • “El tiempo todo lo cura”.
  • “Sé fuerte”.
  • “Ya está en un lugar mejor”

Estas frases se usan mucho y a veces nos dan cierta sensación de confort al decirlas. Pero, en realidad, sostienen más a quien las dice que a quien las recibe, y pueden coartar el espacio que la otra persona necesita para vivir su dolor.

  • “Peor sería si…”.
  • “Ya tendrás otro hijo/pareja/proyecto”.

Este tipo de comentarios invalidan la experiencia del doliente. Cada pérdida es única y merece respeto.

A veces cambiamos de tema por incomodidad, pensando que así protegemos a la otra persona del dolor. Pero al hacerlo, también le quitamos el espacio para decidir si quiere hablar o no de lo que siente. Permite que sea ella quien marque el ritmo de la conversación.

  • «Sal y diviértete”.
  • “No pienses en eso”

El duelo no desaparece con distracciones forzadas. La persona necesita tiempo para sentir y elaborar, no recetas instantáneas.

5.Imponer ritmos

Frases como “ya deberías estar mejor” o “tienes que pasar página” son dañinas. El duelo no se mide en calendarios ni se vive igual para todos.

No existen palabras mágicas que quiten el dolor, pero sí expresiones sencillas que transmiten cercanía y apoyo. Por ejemplo:

  • “Siento mucho tu pérdida”.
  • “No sé qué decirte, pero estoy aquí contigo”.
  • “Si necesitas hablar, escucharé lo que quieras compartir”.
  • “Te acompaño en este momento tan difícil”.
  • “¿Quieres que te ayude con algo concreto?”.

La clave es la sinceridad: hablar desde el corazón, sin intentar arreglar lo irreparable.

Al mismo tiempo, acompañar no siempre necesita palabras. El duelo también se vive en el cuerpo, y podemos sostenerlo desde la presencia y los gestos: ayudar a reconectar con la respiración, ofrecer permiso para descansar o dormir, o proponer actividades suaves como caminar juntos por la naturaleza. A veces, estar presente y ofrecer un espacio donde la persona pueda sentirse escuchada y contenida es tan valioso como cualquier frase.

Pequeños gestos, palabras sinceras y presencia consciente forman juntos un acompañamiento real y respetuoso, adaptado al ritmo y las necesidades de quien atraviesa la pérdida.

El duelo no termina cuando los demás dejan de preguntar. Acompañar significa también recordar fechas importantes —un aniversario, un cumpleaños— y estar presente cuando la ausencia se hace más intensa.

Algunas ideas:

  • Enviar un mensaje en la fecha señalada: “Hoy te tengo muy presente”.
  • Invitar a una actividad suave, sin presionar.
  • Respetar si la persona prefiere estar sola, pero dejar claro que seguimos disponibles.

Es normal sentir miedo a equivocarnos. La clave está en la humildad: reconocer que no tenemos todas las respuestas, pero sí la disposición a estar.

Podemos decir:

  • “No sé cómo ayudarte, pero quiero estar cerca”.
  • “Dime qué necesitas de mí en este momento”.

Este reconocimiento sincero suele ser más valioso que cualquier consejo.

Acompañar no significa quitar el dolor, sino estar presente mientras se vive. La escucha y el silencio son regalos que sostienen más que las palabras.

Desde una mirada humanista, creo que cada persona guarda en sí misma sus propios recursos para sanar. El duelo no necesita que alguien marque el camino, sino que alguien camine a su lado.

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Soy Marina Caballero, terapeuta de duelo en Sabadell y online. 
Combino experiencia y recursos profesionales para acompañar tu pérdida con cuidado y autenticidad.